Vamos cantando
al Señor:
El es nuestra alegría.
La luz de un
nuevo día venció a la oscuridad, que brille en nuestras almas la luz de
la verdad.
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En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el
que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender
todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un
comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a
vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a
la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está
llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos
y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a
los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el
llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?
Ellos contestaron:
- Sí.
Él les dijo:
-Ya veis, un letrado que entiende del Reino de los cielos es como un padre
de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.
Palabra del Señor.
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En aquellos días, el
Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo:
- Pídeme lo que quieras.
Respondió Salomón:
- Tú trataste con misericordia a mi padre, tu
siervo David, porque caminó en tu presencia con lealtad, justicia y
rectitud de corazón; y fiel a esa misericordia, le diste un hijo que se
sentase en su trono: es lo que sucede hoy.
Pues bien, Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi
padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu
siervo se encuentra en medio de tu pueblo, para discernir el mal del bien,
pues ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?
Al señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello y Dios le dijo:
Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni
la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y
gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente,
como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.
Palabra de Dios
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Andando por el camino, te tropezamos,
Señor,
te hiciste el encontradizo, nos diste conversación
tenían tus palabras fuerza de vida y amor,
ponían esperanza y fuego en el corazón.
Te conocimos, Señor, al partir el pan,
tú nos conoces, Señor, al partir el pan.
Llegando a la encrucijada, tú proseguías, Señor;
te dimos nuestra posada, techo, comida y calor;
sentados como amigos a compartir el cenar,
allí te conocimos al repartirnos el pan.
Andando por los caminos tropezamos, Señor,
en todos los peregrinos que necesitan amor;
esclavos y oprimidos que buscan la libertad,
hambrientos, desvalidos, a quienes damos
el pan.
Cristo nos da la
libertad,
Cristo nos da la salvación,
cristo nos da la esperanza,
Cristo nos da el amor.
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Señor, Dios
nuestro,
qué admirable es tu nombre,
en toda la tierra.
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 28-30
Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el
bien: a los que ha llamado conforme a su designio.
A los que había escogido, dios los predestinó a ser imagen de su Hijo para
que él fuera el primogénito de muchos hermanos.
A los que predestinó los llamó; a los que llamó los justificó; a los que
justificó los glorificó.
Palabra de Dios.
Aleyuya, Aleluya,
Aleluya. |